Cómo nace El Reloj de Rita

Me hace especial ilusión daros la bienvenida a mi web de autora con esta primera
entrada del blog. Un espacio en el que espero contaros muchas cosas y compartir
historias y cuentos bonitos para nuestros niños… y también para los no tan niños.


Para mí, escribir cuentos es mejor que cualquier forma de terapia. Es una manera de
expresar las emociones que voy experimentando y que, cuando quedan ordenadas sobre el papel, cobran todo el sentido. Incluso las más molestas, incómodas o dolorosas, porque todas hay que sentirlas y vivirlas.


Siempre digo que El Reloj de Rita nace en dos fases, en dos momentos muy distintos de mi vida.


El primero, cuando lo sentí… y lo escribí.
El segundo, cuando me atreví a publicarlo.


En ambos casos, los impulsores han sido mis niños: los motores de mi vida, mis
incondicionales, quienes me han enseñado la fragilidad y la fortaleza de una forma que todavía hoy me cuesta explicar con palabras.


El Reloj de Rita es el primero de muchos cuentos que espero compartir con vosotros. Forma parte de algo muy íntimo: mi manera de explicar el mundo (¡mi mundo!), de acompañar emociones y de tender puentes entre lo que sentimos y lo que a veces no sabemos expresar.


Recuerdo perfectamente el día en que empecé a escribirlo. No fue un plan meditado ni una decisión consciente. Fue más bien una necesidad. Una de esas veces en las que el corazón va un poco más rápido que la cabeza y te habla. No lo escribí sobre un bureau de escritora profesional. El Reloj de Rita se escribió sobre mi cama, con lágrimas y emociones a flor de piel, emociones que en aquel momento me invadieron; y surgió solo, como si saliese de mí sin yo misma pensarlo. Ahí apareció Rita. Y con ella, su reloj.


Ese reloj no marca solo horas. Marca etapas, aprendizajes y los tiempos que cada uno de nosotros necesitamos para crecer, aceptarnos, adaptarnos y convertirnos en quienes somos. Porque si algo he aprendido siendo madre es que cada niño —y también cada adulto— tiene su propio ritmo. Y respetarlo es uno de los mayores actos de amor y generosidad que existen.


Durante mucho tiempo, el cuento se quedó guardado en una carpeta de mi ordenador titulada “Cuentos Livia”. Como si aún no fuera su momento. Como si él también tuviera su propio reloj. Hasta que un día entendí que compartirlo podía ayudar a otras personas, a otros niños que quizá estaban sintiendo algo parecido. Y entonces decidí lanzarme. Con miedo, sí. Pero también con muchísima ilusión.

Publicarlo ha supuesto enfrentar miedos, inseguridades e incluso cierta vergüenza. Ha sido


Y en todo este proceso, lo que más feliz me ha hecho ha sido compartirlo con mis niños. Ellos se han convertido en íntimos amigos de Rita y Flora, y me acompañan desde el principio en el nacimiento de esta nueva Livia: en reuniones, en eventos… Son, sin duda, los mejores ayudantes de empaquetado y envío de pedidos, y los más entusiastas en cada pequeño hito que celebramos.


Ojalá, cuando lo leáis, podáis conectar con lo que yo sentí al escribirlo. Ojalá os ayude a mirar el tiempo de otra manera. O, simplemente, que encontréis un momento de calma en medio del ritmo acelerado del día a día.


Gracias por estar aquí, por acompañarme en este comienzo y por regalarle vuestro
tiempo a esta historia.


Livia

0 comentarios

Dejar un comentario